viernes, 4 de noviembre de 2011

 Una maldita mañana te levantas, y miras la hora, son las seis en punto, intentas dormirte, no puedes, empiezas a pensar y sin darte cuenta ya son las ocho y media de la mañana, estas en el instituto y el profesor ha comenzado a explicar. Las horas pasan lentas, como tímidas y tú cada vez estas más harta de escuchar siempre lo mismo a unos y a otros. Acaba de tocar el timbre, son las tres, tardas unos veinte minutos en llegar a casa, y ahí está tu hermano, abriéndote la puerta con una amplia sonrisa, preguntándote cualquier ejercicio, muy fácil para ti, e intentas ayudarlo, pero no tienes ganas. Entras al salón, saludas, das dos besos y te sientas en la mesa. Haya lo que haya de comer en el plato, te guste o no, no tienes ganas de comer, te dejas la mitad, subes corriendo las escaleras en busca del ordenador, para evadirte un poco de la realidad. Te conectas, miras todo lo que tienes, que nunca es demasiado, porque la noche anterior ya lo habías mirado, te quedas cinco segundos observando el Chat, ¡bah!, nadie que te interese… lo dejas todo abierto y pones la música, música siempre adecuada a tu estado de animo, ya que últimamente es el mismo todos los días y ya la tienes preparada.

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