Había una vez un rey que estaba soltero y su madre quería que encontrara novia. Publicaron un bando para que pasaran todas las jovencitas por debajo del portón y se probaran un par de zapatos. Empezaron a probarse los zapatos, pero a algunas no le cabían y se cortaban los dedos para poderse casar con el rey. Como ninguna lo consiguió, lo intentaron con una pera; la que trajera la media pera que encajara con la otra media se casaba con él. Nadie tuvo suerte. Una mujer que vivía enfrente del palacio decidió llevar a sus tres hijas. El rey se enamoró de las más pequeña, probaron las peras y encajaron. Así se casó y tuvieron dos mellizos: un niño y una niña, pero la madre del rey no quería que ella fuera su nuera y mató a los niños. Al tiempo tuvieron otros dos hijos, echaron a su madre y nunca más volvieron a verla. Los niños se pusieron mayores y no querían saber quién era su abuela.
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