
Había una vez una chica que le gustaba el mar y estaba allí todos los días. Se iba sola. No necesitaba a nadie para irse allí. Estaba loca. Intentaron llevársela a un manicomio. De vez en cuando iba a su casa para comer. Se quedaba allí toda la noche para cuando amaneciera ver el amanecer que decía que le gustaba mucho. Pero un día su padre y su madre quisieron irse a un pueblo donde no hubiera playa porque ya estaban preocupados de que no volviera nada más que para comer. Cuando se fueron la niña lloraba mucho porque le gustaba tanto el mar que no lo quería dejar nunca.
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