
Había una vez un niño que no sabía nadar. Tenía muchos sombreros con los que iba a la piscina
En efecto, del cielo azul caía una lluvia de sombreros. No un solo sombrero, que podía estar arrastrando el viento de un lado para otro. No sólo dos sombreros que podrían haberse caído de un alféizar. Eran cien, mil, diez mil sombreros que descendían del cielo ondeando. Sombreros de hombre, sombreros de mujer, sombreros con pluma, sombreros con flores, gorras de joquey, gorras de visera, boinas, chapelas, gorros de esquiar...
Un día fue con su padre y él le enseñó a nadar y a esquiar y el niño se quedó con muchos gorros de todas clases
Adrián, tu historia está poco trabajada y no tiene relación el texto con el principio y el final que has escrito. Deberías reescribirla.
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