martes, 25 de mayo de 2010

Alberto Galán Carrillo

Había una vez un país que era muy raro. Hacían todo al revés. Andaban al revés: ponían las manos en el suelo y los pies encima. Por la mañana cenaban, al medio día merendaban, por la tarde comían y por la noche desayunaban. Se levantaban por la noche y se acostaban por la mañana.
Un día, un niño llamado Manolo se fue a cazar. En vez de disparar con las manos lo hacía con los pies. En vez de apuntar, desapuntaba. De esta manera no había manera de dar a nada. Regresó a su casa.Aparentaba estar contento.No pude resistirme en oírle silbar para adentro y ver sus andares .
Mientras andaba para su fea casa no dudó en tararear una extraña melodía.No entendía su estridente hablar.Seguramente permanecía al revés como todo sus actividades.
Llegó.Me llamó la atención su llamativa forma de comer.Tan normal para él, pero exageradamente asquerosa para mi.Que me condujo a unas increíbles nauseas.No era por la boca, sino por un asqueroso agujero llamado ano.

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