
El rey Arturo estaba enfermo, sólo llevaba enfermo dos semanas y ya estaba débil y casi no comía. Todos los médicos de la corte lo habían visto, pero ninguno sabía qué enfermedad tenía. Una mañana, mientras uno de los sirvientes hacía su trabajo, uno de ellos preguntó que si Arturo iba a morir. En el cuarto estaba Sir Galahad, el mejor amigo de Arturo. Galahad escuchó al sirviente y le dijo que no iba a morir, que no estaba enfermo sino que estaba embrujado. Entonces Galahad dijo que cómo lo podía currar y dijo que había dos posibilidades: una era Merlín, pero ese tardaría mucho en llegar y la otra posibilidad era la bruja de la montaña, pero que no iría nadie porque daba mucho miedo. Entonces Galahad cogíó su caballo y salió para el monte negro. Cuando encontró a la bruja y le contó para qué la quería, ella le dijo que para qué tenía que hacer tal cosa y Glahad le ºcontestó que lo ayaudara y que le pidiera lo que quisiera. La bruja le dijo que si lo curaba se tenía que casar con ella y él a pesar, de que no le gustaba la idea, dijo que sí, porque además de que era su amigo, Arturo le había salvado la vida muchas vaces. Cuando ya estaba en la habitación de Arturo, la bruja lo olió y dijo unas palabras extrañas. Cuando la bruja le iba a dar un líquido a Arturo, llegó el médico y le dijo que no se lo diera que él no creía en brujerías. Entonces Galahad,, que estaba allí le dijo que la bruja no se iba, que el que se iba era el médico, entonces el médico se fue. Y una mañana después de unos días, Arturo se despertó
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