
Eran una pareja de veinte años. La mujer estaba estudiando medicina. El hombre era albañil. La pareja vivía bien y tenía buena relación entre ellos. Hasta que la mujer acabó su carrera y empezó a trabajar. El hombre estaba cansado, cuando llegaba a casa veía a su mujer sonriente día a día. La mujer empezó a salir con sus compañeros de trabajo por las tardes, ni siquiera salían los fines de semana juntos. Su envidia crecía cada vez más endemoniada en su interior, hasta que un día la cogió del cuello y la empujó contra el espejo donde se estaba maquillando. La mujer, cuando llegaba a su trabajo, le preguntaban sus compañeros lo que había sucedido y ella decía que se lo había hecho ella misma. Cada día que transcurría era un infierno más duro. Ella murió, su alma voló al cielo mientras que las lágrimas de sus seres queridos se quedaban encima de su tumba.
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