
Había una vez una familia muy humilde. Eran tres hermanos, la madre y el padre. No tenían buena paga y no llegaban a fin de mes. El padre era un borracho desgraciado. Se bajaba al bar todos los días y se bebía una cerveza y no más. Pero cuando le daban la paga del mes se emborrachaba demasiado y cuando subía a la casa le pegaba a su mujer. Pero ella no lo denunciaba por miedo a que cuando se le pasara la borrachera le pegara más. Elisa se miró al espejo y se reflejaba su sonrisa. Su fantasía volaba hasta las nubes cada vez que le pegaba su marido.
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